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domingo, 22 de julio de 2012
El derecho a soñar, Eduardo Galeano, 1999
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LECTURAS
lunes, 8 de agosto de 2011
Criaturas salvajes...
" No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo. "
Deayuno en Tiffany's. Truman Capote
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LECTURAS
miércoles, 13 de julio de 2011
Veintisiete...
Bebe -dijo Colin. Bebieron los dos. El resplandor quedaba adherido a sus labios. Colin volvió a encender las luces. Parecía dudar si quedarse de pie.-Una vez al año no hace daño -dijo-. Creo que podríamos terminarnos la botella.
-¿Y si cortáramos la tarta? -dijo Chick.
Colin cogió un cuchillo de plata y se puso a trazar una espiral sobre la blancura pulida de la tarta. De repente, se detuvo y miró su obra con sorpresa.
Voy a probar una cosa -dijo.
Tomó una hoja de acebo del ramo de la mesa y, con una mano, asió la tarta. Haciéndola girar rápidamente sobre la punta del dedo, colocó, con la otra mano, una de las puntas del acebo en la espiral.
-¡Escucha!... -dijo.
Chick escuchó. Era la canción Chloé en la versión arreglada por Duke Ellington.
Chick miró a Colin. Estaba tremendamente pálido. Chick le quitó el cuchillo de la mano y lo hincó con ademán firme en la tarta. La cortó en dos y, dentro de la tarta, vieron que había un nuevo artículo de Partre para Chick y una cita con Chloé para Colin.
La espuma de los días. Boris Vian
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LECTURAS
jueves, 5 de mayo de 2011
Peso y levedad
Hoy mi entender es distinto al de años atrás. Ya no me río por las mismas cosas y aquellas, que a simple vista parecen inofensivas pero que pueden no serlo, ya no me hacen tanta gracia... Claro que todos guardamos un comodín en la manga... Y qué poco me gusta la mí a palabra póker..
Empacando mis estanterías con un amigo hace unas semanas, en uno de esos intentos de deshacerte de todo aquello que a fin de cuentas ya estorba, me topé con libros que esbozaron en mi una leve sonrisa. Abrí el azul...
"El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
(...) Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad."
Empacando mis estanterías con un amigo hace unas semanas, en uno de esos intentos de deshacerte de todo aquello que a fin de cuentas ya estorba, me topé con libros que esbozaron en mi una leve sonrisa. Abrí el azul...
"El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
(...) Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad."
La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
¿Es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?
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LECTURAS
viernes, 11 de marzo de 2011
" En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas. Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas. No añadió más, pero ambos no hemos sido nunca muy comunicativos dentro de nuestra habitual reserva, por lo cual comprendí que, con sus palabras, quería decir mucho más"
El gran Gatsby, Francis Scott Fitzgeral
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LECTURAS
viernes, 7 de enero de 2011
El camino
Si la memoria no me falla tenía 10 años. Era verano y esperaba ansiosa rondando por el salón de mi casa la hora de ir a la playa. Todavía vivíamos en un piso en el centro de Vilagarcía de Arousa, en Galicia, cuando me asomé, por el marco de la puerta, a la habitación de mi hermano. Por aquel entonces él vivía en su pubertad y cualquier intromisión en su intimidad me costaba, cuando menos, una invitación grosera a irme de su habitación. Comprobé entonces que no estaba, y entré a hurtadillas en el cuarto. Recuerdo perfectamente la posición de los muebles, y las estanterías verde oliva y crema alineadas a un lado de la pared. Allí estaban los cuentos, los libros, los cómics y alguna que otra grúa y coche de carreras. La vista no me alcanzaba a leer todos los títulos: Los escarabajos vuelan al atardecer, O vello que quería velo tren, Rue del Percebe, Super López, cuando Hitler robó el conejo rosa, Manolito Gafotas... El Camino...
Allí estaba. No dudé en apoderarme del libro y leer las primeras páginas. Sonó el timbre. ¡Me iba a la playa! Así que deje el libro sobre mi almohada y esa noche empecé a leerlo. Todavía hoy si cierro los ojos y me concentro consigo sentir el tacto de aquellas sábanas de rayas en tonos pastel sobre mi piel caliente, el olor a crema para después del sol que mamá se empeñaba en ponerme, los pájaros piando a través del cristal de mi cuarto, el crujir de la llave en el picaporte que indicaba que mi padre había llegado a casa...
Es entonces cuando siento esa nostalgia de mi niñez que Delibes consigue cuando vuelves a leer El Camino y ya no eres una niña. Daniel, el Mochuelo, el Tiñoso y el Boñiga me sumergieron en sus historias. Y dejándome llevar por mi fantasía ese verano no lo pasé como siempre, entre la costa y la montaña gallega. Me fui a Molledo, en el Valle de Iguña. La vida de pueblo, auténtica y efímera, despertó en mí un ansia de viaje. La abuela cociendo pan en el horno de leña y el abuelo con carretilla....Yo sólo soñaba con un huerto plagada de colores, olores y sonidos. Y es que Delibes no hacía sino mostrarme la panorámica de un paisaje del norte.
Tengo la certeza de que alguna vez me tumbaré en la cama y todos los recuerdos de aquel viaje que tuve de niña se tumbaran junto a mí en una noche en vela. Una de esas noches que sólo puede romper el canto del gallo que escuchaba cuando era niña y dormía en casa de la abuela.
Allí estaba. No dudé en apoderarme del libro y leer las primeras páginas. Sonó el timbre. ¡Me iba a la playa! Así que deje el libro sobre mi almohada y esa noche empecé a leerlo. Todavía hoy si cierro los ojos y me concentro consigo sentir el tacto de aquellas sábanas de rayas en tonos pastel sobre mi piel caliente, el olor a crema para después del sol que mamá se empeñaba en ponerme, los pájaros piando a través del cristal de mi cuarto, el crujir de la llave en el picaporte que indicaba que mi padre había llegado a casa...
Es entonces cuando siento esa nostalgia de mi niñez que Delibes consigue cuando vuelves a leer El Camino y ya no eres una niña. Daniel, el Mochuelo, el Tiñoso y el Boñiga me sumergieron en sus historias. Y dejándome llevar por mi fantasía ese verano no lo pasé como siempre, entre la costa y la montaña gallega. Me fui a Molledo, en el Valle de Iguña. La vida de pueblo, auténtica y efímera, despertó en mí un ansia de viaje. La abuela cociendo pan en el horno de leña y el abuelo con carretilla....Yo sólo soñaba con un huerto plagada de colores, olores y sonidos. Y es que Delibes no hacía sino mostrarme la panorámica de un paisaje del norte.
Tengo la certeza de que alguna vez me tumbaré en la cama y todos los recuerdos de aquel viaje que tuve de niña se tumbaran junto a mí en una noche en vela. Una de esas noches que sólo puede romper el canto del gallo que escuchaba cuando era niña y dormía en casa de la abuela.
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LECTURAS
viernes, 26 de marzo de 2010
Kàpuscinski / Periodismo
Cuando decidí que iba estudiar Periodismo el padre de una buena amiga, en su vocación de lector empedernido amante de las historias, reales y bien contadas, me regaló Los cínicos no sirven para este oficio, un libro conversado sobre la profesión; sus reglas, dificultades y responsabilidades. Lo firmaba un tal Ryszard Kapuscinski (Pinsk, Bielorrusia, entonces parte de Polonia 1932-2007).
Más tarde, ya en la facultad, me encontré con la lectura obligatoria de Ébano, su obra más conocida. El texto comprende su experiencia como corresponsal en África para múltiples medios internacionales (corresponsal durante más de veinte largos años) El libro es en sí mismo una crónica histórica, política y social del continente, plausiblemente humano y realista. El autor prescinde de las comodidades hosteleras y los tópicos de denuncia más que leídos en plumas ajenas para adentrarse, con escasos medios, en los barrios más pobres del continente negro. Allí se instala y viaja a lugares que no son noticia para Europa descubriendo rutas que sólo transitan los indígenas. Ébano se acerca a la realidad de la raza africana sin perder de vista quién es quién entre las autoridades de turno, y Kapuscinski describe con gran realismo cómo viven, cómo piensan, y, en su faceta de historiador, qué huellas del pasado pueden estar detrás de acontecimientos como el genocidio de Ruanda o el por qué en África se suceden las guerras. En cada una de sus páginas encontramos la respuesta a miles de preguntas sobre el contiente de ébano poniendo de manifiesto qué hay de verídico en las versiones oficiales o seudo-oficiales que llegan hasta nosotros, el público civil.
Bien, más tarde tuve la oportunidad de leer Viajes con Heródoto (gracias Riki), un texto de dificil clasificación ya que combina el reportaje periodístico con el libro de viajes y los tratados de antropología. Con Heródoto, el primer historiador griego, Kapuscinski viaja a la India y de nuevo acerca al lector a un mundo desconocido con preguntas y respuestas, causas y consecuencias. La Guerra del fútbol (narra la guerra que llevaron a cabo Honduras y El Salvador, cuyo detonante fue un partido de fútbol entre las selecciones de ambos países para el mundial de México en 1970.), El Imperio (sobre el derrumbaniento de la Unión Soviética) y El mundo de hoy,(refelxión sobre los últimos acontecimientos ocurridos tales como el 11-S o el 11-M) son lecturas pendientes. Y es que Kapuscinski estrecha el camino entre la historia y el mundo actual, haciéndolo accesible a cualquier tipo de lector con un lenguaje fácil y sencillo. "¿Para qué el uso de palabras rimbombantes, para qué dar rodeos edulcorando contextos cuando la realidad es esta y no hay otra? El periodista tiene como deber facilitar el camino al receptor en la comprensión del mundo actual", dice en Los cínicos no sirven para este oficio.
En los años 60 Kapuscinski cumplió su sueño: salir de Polonia y viajar a los países en vías de desarrollo, reportar guerras, golpes de Estado y revoluciones. Y aunque en la sociedad anglosajona es más conocido por sus reportajes en África, Kapuscinski puso pie en Asia, Europa y América Latina. En 1964 fue destinado como el único corresponsal en el extarnejro de la Agencia Polaca de Prensa (PAP) que hace unos días anunció que a partir de marzo de 2011 otorgará el Premio de Periodismo Ryszard Kapuscinski, a trabajos periodísticos, escritos o audiovisuales que destaquen por su honestidad, "objetividad" y elaboración.
Ya era hora que un premio periodístico llevara el nombre del polifácético autor, cuyos libros se estudian en las carreras de periodismo y se recomiendan entre colegas en medios de todo el mundo. Polémicas post morte aparte (Kapuscinski Non-fiction, de Artur Domoslawski, es la biografía que pone en duda la veracidad de los datos que nutren sus crónicas, planteando también la posibilidad de que haya tenido una doble vida como espía).
Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación en 2003, Kapuscinski escribió casi veinte libros en los cuales disecciona con un fino sentido de la ironía y una excepcional capacidad para el detalle los últimos treinta años de la historia mundial y europea. Sus libros son más que periodismo e historia, no se trata de periodismo literario (amén del maestro Truman Capote) sino de realidades bien contadas. Joyas que indican la calidad de una buena librería. De esas que cuestan poco pero que valen mucho...
Más tarde, ya en la facultad, me encontré con la lectura obligatoria de Ébano, su obra más conocida. El texto comprende su experiencia como corresponsal en África para múltiples medios internacionales (corresponsal durante más de veinte largos años) El libro es en sí mismo una crónica histórica, política y social del continente, plausiblemente humano y realista. El autor prescinde de las comodidades hosteleras y los tópicos de denuncia más que leídos en plumas ajenas para adentrarse, con escasos medios, en los barrios más pobres del continente negro. Allí se instala y viaja a lugares que no son noticia para Europa descubriendo rutas que sólo transitan los indígenas. Ébano se acerca a la realidad de la raza africana sin perder de vista quién es quién entre las autoridades de turno, y Kapuscinski describe con gran realismo cómo viven, cómo piensan, y, en su faceta de historiador, qué huellas del pasado pueden estar detrás de acontecimientos como el genocidio de Ruanda o el por qué en África se suceden las guerras. En cada una de sus páginas encontramos la respuesta a miles de preguntas sobre el contiente de ébano poniendo de manifiesto qué hay de verídico en las versiones oficiales o seudo-oficiales que llegan hasta nosotros, el público civil.
Bien, más tarde tuve la oportunidad de leer Viajes con Heródoto (gracias Riki), un texto de dificil clasificación ya que combina el reportaje periodístico con el libro de viajes y los tratados de antropología. Con Heródoto, el primer historiador griego, Kapuscinski viaja a la India y de nuevo acerca al lector a un mundo desconocido con preguntas y respuestas, causas y consecuencias. La Guerra del fútbol (narra la guerra que llevaron a cabo Honduras y El Salvador, cuyo detonante fue un partido de fútbol entre las selecciones de ambos países para el mundial de México en 1970.), El Imperio (sobre el derrumbaniento de la Unión Soviética) y El mundo de hoy,(refelxión sobre los últimos acontecimientos ocurridos tales como el 11-S o el 11-M) son lecturas pendientes. Y es que Kapuscinski estrecha el camino entre la historia y el mundo actual, haciéndolo accesible a cualquier tipo de lector con un lenguaje fácil y sencillo. "¿Para qué el uso de palabras rimbombantes, para qué dar rodeos edulcorando contextos cuando la realidad es esta y no hay otra? El periodista tiene como deber facilitar el camino al receptor en la comprensión del mundo actual", dice en Los cínicos no sirven para este oficio.
En los años 60 Kapuscinski cumplió su sueño: salir de Polonia y viajar a los países en vías de desarrollo, reportar guerras, golpes de Estado y revoluciones. Y aunque en la sociedad anglosajona es más conocido por sus reportajes en África, Kapuscinski puso pie en Asia, Europa y América Latina. En 1964 fue destinado como el único corresponsal en el extarnejro de la Agencia Polaca de Prensa (PAP) que hace unos días anunció que a partir de marzo de 2011 otorgará el Premio de Periodismo Ryszard Kapuscinski, a trabajos periodísticos, escritos o audiovisuales que destaquen por su honestidad, "objetividad" y elaboración.
Ya era hora que un premio periodístico llevara el nombre del polifácético autor, cuyos libros se estudian en las carreras de periodismo y se recomiendan entre colegas en medios de todo el mundo. Polémicas post morte aparte (Kapuscinski Non-fiction, de Artur Domoslawski, es la biografía que pone en duda la veracidad de los datos que nutren sus crónicas, planteando también la posibilidad de que haya tenido una doble vida como espía).
Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación en 2003, Kapuscinski escribió casi veinte libros en los cuales disecciona con un fino sentido de la ironía y una excepcional capacidad para el detalle los últimos treinta años de la historia mundial y europea. Sus libros son más que periodismo e historia, no se trata de periodismo literario (amén del maestro Truman Capote) sino de realidades bien contadas. Joyas que indican la calidad de una buena librería. De esas que cuestan poco pero que valen mucho...
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LECTURAS
jueves, 18 de marzo de 2010
Mil soles espléndidos
Khaled Hosseini se ha convertido para mi en un mago de la palabra y la descripción, una lectura obligada para un primer acercamiento a la realidad actual afgana.Consiguió hacerme fiel lectora con Cometas en el Cielo (Editorial Salamandra), su primera novela escrita en 2003 (Hosseini es un médico musulmán que huyó de Afganistán con la entrada de los talibanes en el país, hoy enviado especial de buena voluntad para ACNUR).
La lectura de Cometas en el cielo crece en intensidad, el ritmo sostenido conmueve y Hosseini sorprende con una prosa suelta y descripciones constumbristas, llenas de color y formas para una primera novela. Así que nada más acabar el libro y darme cuenta de cuánto me había acercado el autor a la realidad de un país que no cesa en su guerra me compré Mil soles espléndidos (Editorial Salamandra, 2007), su segunda y última novela.
La narración está llena de descripciones físicas y sobre todo emocionales. Y esta vez son los ojos de dos mujeres, Mariam y Laila, los que nos muestran la infame y triste historia de Afganistán. Cercanas y lejanas a la vez comparten el deseo de ser libres, de labrar su propio espacio de felicidad que la sociedad les ha negado para siempre por el simple hecho de ser mujeres, sumergidas en un universo de amputaciones fisícas y psicológicas. De muerte.
Este retrato es una denuncia de un mundo real y actual y mediante la particular historia de Laila y Mariam (la misma que la de millones de mujeres afganas), Hosseini narra la época de la invasión soviética, de la guerra fría cuando Estados Unidos se alía a los rusos para expulsar a los comunistas, y también de cómo una vez conseguido este objetivo y después de fortalecer indirectamente al régimen talibán, los americanos se marchan dejando el país en manos de estos...Mil soles espléndidos habla de los muyahidines, de la yihad, de la implantación del régimen talibán basado en la Sharia, pleno de atroces reglas y normas, entre ellas la todopoderosa marginación y vejación a la mujer... lo que muchos creen lejano está a menos de quince años del día de hoy... Y al final llegamos a lo que ya todos conocemos: el atentado contra las torres gemelas en 2001, la persecución de Osama Ben Laden y, de nuevo, la guerra.

La novela recupera también la riqueza cultutal del país, vuela al valle de Bamiyán y desde los inmensos Budas esculpidos en piedra en sus montañas (destruidos con ataques talibán en 2000) dibuja Kabul y el mar naciente...literatura afgana y religión se dan cita también en la novela. Y de ahí nace el título del libro, referencia a un poema del siglo XVII del poeta persa Saib-e-Tabrizi titulado Kabul.
"Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas,
o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros."

La novela recupera también la riqueza cultutal del país, vuela al valle de Bamiyán y desde los inmensos Budas esculpidos en piedra en sus montañas (destruidos con ataques talibán en 2000) dibuja Kabul y el mar naciente...literatura afgana y religión se dan cita también en la novela. Y de ahí nace el título del libro, referencia a un poema del siglo XVII del poeta persa Saib-e-Tabrizi titulado Kabul."Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas,
o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros."
Es un libro que puede sonar depresivo, a mi me ha saltado las lágrimas, es sumamente duro, lleno de descripciones agónicas y asfixiantes, un minucioso recorrido por todas las barbaridades cometidas en nombre de cuanta bandera se haya inventado, que cuida con mimo no saltarse ningún detalle… y si bien por momentos logra convertir la boca de nuestros estómagos en un sumidero escalofriante de inmensa pena, en el fondo es un libro lleno de fuerza, inspirando en cada línea la voluntad de la mujer por ser libre.
Las horas que he pasado en un tren a Londres delante de Mil soles espléndidos han servido para reflexionar primero sobre la historia y el contexto, que no es ficticio, no, es realidad. Una vez dentro de ella sobre la libertad, la injusticia, la opresión, el miedo, el dolor, la humillación y la impotencia. Pero también sobre la amistad y los sueños, esos que son más fuertes que cualquier látigo, hebilla de cinturón e incluso que el hecho de masticar piedras y sentir cómo se parten los dientes.
Este es uno de los libros más emocionantes que he leído en mucho tiempo y lo consigue esa historia dentro de la histora que Khaled Hosseini convierte en la médula espinal de Mil soles espléndidos.
De fácil lectura pese al dolor entre líneas altamente recomendado.
De fácil lectura pese al dolor entre líneas altamente recomendado.
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LECTURAS
viernes, 12 de marzo de 2010
AL final de El Camino
Si la memoria no me falla tenía 10 años. Era verano y esperaba ansiosa rondando por el salón de mi casa la hora de ir a la playa. Todavía vivíamos en un piso en el centro de Vilagarcía cuando me asomé a la habitación de mi hermano. Recuerdo perfectamente la posición de los muebles, y las estanterías verdes alineadas a un lado de la pared. Allí estaban los cuentos, los libros, los cómics y alguna que otra grúa y coche de carreras. La vista no me alcanzaba a leer todos los títulos: Los escarabajos vuelan al atardecer, O vello que quería velo tren, Rue del Percebe, Super López, cuando Hitler robó el conejo rosa, Manolito Gafotas... El Camino...
Allí estaba. No dudé en apoderarme del libro y leer las primeras páginas. Sonó el timbre. ¡Me iba a la playa!. Así que deje el libro sobre mi almohada y esa noche empecé a leerlo. Si cierro los ojos y me concentro consigo sentir las sábanas de rayas verdes, rosas y amarillas sobre mi piel caliente, el olor de la crema para después del sol que mamá se empeñaba en ponerme, los pájaros piando a través del cristal de mi cuarto, el crujir de la llave en el picarporte que indicaba que mi padre había llegado a casa...Entonces es cuando siento esa nostalgia de mi niñez que Delibes consigue cuando vuelves a leer El Camino y ya no eres una niña.
Daniel, el Mochuelo, el Tiñoso y el Boñiga me sumergieron en sus historias. Y dejándome llevar por mi fantasía ese verano no lo pasé como siempre, entre la costa y la montaña gallega, sino que viajé hasta algún lugar de la meseta castellana. Y aunque es cierto que el escenario en El Camino es muy importante, la vida de pueblo, auténtica y efímera, los sentimientos que destila son universales para cualquier tipo de lector.
El Camino (1950) es la tercera novela de Miguel Delibes y la consagración definitiva de una manera de escribir: El rincón que guardamos en la memoria para los relatos junto al fuego, la manera oral de contar las historias de los pueblos y las familias, la abuela haciendo pan y el abuelo con carretilla, quien sobrevive bajo un mote y quien llega a convertirse en "Don" y, a fin de cuentas, de cómo la vida avanza. Plagada de colores, olores y sonidos, la panorámica de una sociedad rural a se refleja en cada línea de El Camino sincronizándonos con la nostalgia del pasado y esos recuerdos que todos tenemos de cuando ser niños nos hacía felices e inocentes.
Una historia plagada de imágenes, cimientada por una precisa adjetivación y construída por la maestría de quien es capaz de hacer de la sencillez una virtud con la pluma. Miguel Delibes, fallecido hoy, me mostró mediante su prosa poética el ciclo de la vida y la obligación de enfrentarnos al mundo y salir del pueblo para poder interpretar todo lo que la vida nos ofrece: amistad, amor, lealtad y la certeza de que alguna vez nos tumbaremos en la cama para dormir y todos nuestros recuerdos se tumbaran junto a nosotros para pasar la noche en vela.
Una de esas noches que sólo puede romper el canto del gallo que escuchaba cuando era niña y dormía en casa de mi abuela.
Allí estaba. No dudé en apoderarme del libro y leer las primeras páginas. Sonó el timbre. ¡Me iba a la playa!. Así que deje el libro sobre mi almohada y esa noche empecé a leerlo. Si cierro los ojos y me concentro consigo sentir las sábanas de rayas verdes, rosas y amarillas sobre mi piel caliente, el olor de la crema para después del sol que mamá se empeñaba en ponerme, los pájaros piando a través del cristal de mi cuarto, el crujir de la llave en el picarporte que indicaba que mi padre había llegado a casa...Entonces es cuando siento esa nostalgia de mi niñez que Delibes consigue cuando vuelves a leer El Camino y ya no eres una niña.
Daniel, el Mochuelo, el Tiñoso y el Boñiga me sumergieron en sus historias. Y dejándome llevar por mi fantasía ese verano no lo pasé como siempre, entre la costa y la montaña gallega, sino que viajé hasta algún lugar de la meseta castellana. Y aunque es cierto que el escenario en El Camino es muy importante, la vida de pueblo, auténtica y efímera, los sentimientos que destila son universales para cualquier tipo de lector.
El Camino (1950) es la tercera novela de Miguel Delibes y la consagración definitiva de una manera de escribir: El rincón que guardamos en la memoria para los relatos junto al fuego, la manera oral de contar las historias de los pueblos y las familias, la abuela haciendo pan y el abuelo con carretilla, quien sobrevive bajo un mote y quien llega a convertirse en "Don" y, a fin de cuentas, de cómo la vida avanza. Plagada de colores, olores y sonidos, la panorámica de una sociedad rural a se refleja en cada línea de El Camino sincronizándonos con la nostalgia del pasado y esos recuerdos que todos tenemos de cuando ser niños nos hacía felices e inocentes.
Una historia plagada de imágenes, cimientada por una precisa adjetivación y construída por la maestría de quien es capaz de hacer de la sencillez una virtud con la pluma. Miguel Delibes, fallecido hoy, me mostró mediante su prosa poética el ciclo de la vida y la obligación de enfrentarnos al mundo y salir del pueblo para poder interpretar todo lo que la vida nos ofrece: amistad, amor, lealtad y la certeza de que alguna vez nos tumbaremos en la cama para dormir y todos nuestros recuerdos se tumbaran junto a nosotros para pasar la noche en vela.
Una de esas noches que sólo puede romper el canto del gallo que escuchaba cuando era niña y dormía en casa de mi abuela.
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LECTURAS
jueves, 11 de febrero de 2010
Recordando a Boris Vian
Dice El Cantante, una canción de Andrés Calamaro, "si no me quieren en vida cuando muera no me lloren". Esta frase se me ha venido a la cabeza al leer la biografía de Boris Vian. Las pasadas navidades mi padre me regaló su primera novela, J'irai cracher sur vos tombes (1946), o lo que es lo mismo, Escupiré sobre vuestras tumbas. Y ya por darle más pedantería al texto la versión en gallego es exactamente la que yo tengo, Cuspirei sobre as vosas tumbas.
Escrita en 1946 y bajo el seudónimo de Vernon Sullivan, supuesto escritor negro estadounidense que utilizaría para firmar todas sus posteriores novelas, Boris Vian se propuso denunciar el racismo y las dificultades de la comunidad afroamericana en convivencia con los blancos en los estados sureños de los Estados Unidos. Escupiré sobre vuestras tumbas no es una novela de fácil digestión, de hecho está considerada la más violenta y cruda de la conocida "serie Sullivan"( Vian firmaría cuatro novelas con el seudónimo hasta ser descubierto). Poco después de su aparición la novela fue prohibida por considerarse pornográfica e inmoral y el autor condenado por ultraje a la moral y a las buenas costumbres. A pesar de ello una versión edulcorada de las letras de Vian pudieron ver la luz en la época.
Y es por eso por lo que la literatura de Vian me interesa, porque es cruel, si, pero es real. Porque no es otra cosa que el reflejo de una época en la que no he vivido y gracias a sus letras, y a las de otros muchos, puedo visualizar los fantasmas del pasado. En Escupiré sobre vuestras tumbas hay detalles con gracia que arrancan ligeras sonrisas. Pero esto no predomina en la novela. Personalmente sentí como mi corazón se aceleraba, tuve que releer líneas no dando crédito a la historia e incluso cerrar los ojos de lo cinematográfica, y a veces repugnante, que resulta su lectura entre gritos de dolor, sodomía y virilidad. Sentí dolor entre mis piernas, si. La venganza de un hombre, de raíces afroamericanas pero aparentemente blanco sobre la muerte de su hermano por causas racistas se saborea muy amarga con Boris Vian.
Escrita en 1946 y bajo el seudónimo de Vernon Sullivan, supuesto escritor negro estadounidense que utilizaría para firmar todas sus posteriores novelas, Boris Vian se propuso denunciar el racismo y las dificultades de la comunidad afroamericana en convivencia con los blancos en los estados sureños de los Estados Unidos. Escupiré sobre vuestras tumbas no es una novela de fácil digestión, de hecho está considerada la más violenta y cruda de la conocida "serie Sullivan"( Vian firmaría cuatro novelas con el seudónimo hasta ser descubierto). Poco después de su aparición la novela fue prohibida por considerarse pornográfica e inmoral y el autor condenado por ultraje a la moral y a las buenas costumbres. A pesar de ello una versión edulcorada de las letras de Vian pudieron ver la luz en la época.
No puedo negar que, a pesar de no ser una novela extensa, la lectura de Escupiré sobre vuestras tumbas me resultó impactante, a ratos desagradable. Como lo resultan los "Trópicos" de Henry Miller, escritos en 1936 y 1939, y censurados durante dos décadas por obscenos, surrealistas, pervertidos y violentos. Pero, al fin y al cabo, ¿es posible transmitir la patética y agresiva actitud racista, las realidades de la humillación, los trapos sucios de quienes aparentar ser quienes no son de algún modo agradable hacia el lector? ¿es posible describir el lado más obsceno del sexo sin adjetivos punzantes, sin grafismo literario? Podría ser posible si, pero sólo en ese caso dejaría de ser verdadero. Y Vian lo hace aquí tangible.
Y es por eso por lo que la literatura de Vian me interesa, porque es cruel, si, pero es real. Porque no es otra cosa que el reflejo de una época en la que no he vivido y gracias a sus letras, y a las de otros muchos, puedo visualizar los fantasmas del pasado. En Escupiré sobre vuestras tumbas hay detalles con gracia que arrancan ligeras sonrisas. Pero esto no predomina en la novela. Personalmente sentí como mi corazón se aceleraba, tuve que releer líneas no dando crédito a la historia e incluso cerrar los ojos de lo cinematográfica, y a veces repugnante, que resulta su lectura entre gritos de dolor, sodomía y virilidad. Sentí dolor entre mis piernas, si. La venganza de un hombre, de raíces afroamericanas pero aparentemente blanco sobre la muerte de su hermano por causas racistas se saborea muy amarga con Boris Vian.
Boris Vian, novelista francés, dramaturgo, ingeniero, poeta, músico de jazz y traductor, vendió los derechos de esta novela para una adaptación cinematográfica. Él sería el encargado del guión pero las disputas con la productora y la dirección dejaron a Boris Vian fuera del proyecto.
Acudió al preestreno en el cine Le Petit Marbeuf de París, junto a los Campos Elíseos. Vian iba de incógnito, quería pasar desapercibido. Pero el destino hizo que allí mismo, sentado en una butaca durante la proyección, un ataque cardíaco fechara su muerte el 23 de junio de 1959. Tenía 39 años.
Después de su muerte, obtendría el merecido premio del público y la crítica: su admiración. Suele pasar...de ahí los versos de la canción de Andrés.
Miles de ejemplares de las novelas de Vian fueron vendidos. Además de en Escupiré sobre vuestras tumbas, bajo lo títulos Que se mueran los feos, Con las mujeres no hay manera y Todos los muertos tienen la misma piel Vian se convirtió en Sullivan para mostrarnos una cruda realidad. Pero, sin embargo, en Otoño en Pekín y La Espuma de los días descubrimos que detrás de Boris Vian se escondía un hombre imaginativo, sensible y emocional. La hierba roja es su novela más autobiográfica.
Entre los círculos editoriales e invitado por Sartre y Albert Camus Boris Vian conjugó la crónica social y la crítica de jazz. Se codeó con Miles Davis, Duke Ellington y Charlie Parker e incluso, amante de la trompeta, Vian consiguió grabar un disco y hacer su propia gira.
Hacedle un hueco en la estantería. Lo merece.
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